martes, 13 de noviembre de 2012

Diciembre y un adiós

Era Diciembre, la gente con su alegría y euforia, los niños escogiendo los regalos, los coloridos árboles y el frío que calaba los huesos. Caminaba sola, miraba a las personas pasar, mas para mí no existían, era yo ahogada en mi río de lágrimas que no lograban brotar de mis ojos, no hallaban el camino, al igual que yo. Completamente perdida, sumida en recuerdos, en sueños rotos, en promesas que no se cumplieron, en una carta, una canción y una rosa.
Todo murió, la fervorosa ilusión de tus ojos se había apagado, la llama quedó sepultado bajo una gruesa capa de nieve, la misma que quizás trajo diciembre. El primer recuerdo que tengo de ti son tus ojos mirando fijamente los míos y las voces temblorosas al presentarnos. El último, un adiós apesadumbrado, y tu espalda perdiéndose en un infinito horizonte blanco.
No hay consuelo, solo una carta y una rosa ya marchita entre mi librillo de poemas furtivos, de escritos inconclusos, de ilusiones absurdas. Quizás las nornas así lo quisieron, quizás nosotros mismos fabricamos nuestro destino. Mientras continúo mi camino sin rumbo fijo, suena nuestra canción sonrío con nostalgia e intento escapar a otro universo, mentirle a mi alma y olvidar lo que alguna vez fui, olvidarte, olvidarnos, como si fuera Clementine.
Nos veo bailando en la mitad de la calle, es una jugarreta de mi cerebro, confunde realidad, fantasías y recuerdos. Nunca fui fanática del amor, lo admito, es más era una completa escéptica, sé que eso molestó a Cupido y ahora se burla junto a Venus de las angustias de esta mortal, sus dramas y sentimientos propios de los que no moramos en el glorioso Olimpo.
Sabes que fuiste mi miel y mi hiel, mi cielo y mi infierno, mi realidad y el producto de una imaginación ahora muerta, mi verdad y mi mentira. Eres mi todo y mi nada. Fui alguien que cruzó tu camino alguna vez, alguien que recordarás cuando menos lo esperes, cuando una ligera voz te grite mi nombre y susurre un te amo esparcido en el viento.
Sigo con mi vida, te recuerdo, sin embargo sé perfectamente que no se puede resucitar a los muertos, cerré un capítulo, guardé mi viejo cuadernillo, pusé una etiqueta que decía claramente “Diciembre y un adiós“ en un primoroso cofre de madera y lo escondí en el último rincón de mi armario. Hoy salí a encontrarte y a guardarte bajo llave también en el desván de mi mente.
Vivo en los recuerdos de una mente sin memoria, en la tuya, recuerdos que los tragó un agujero negro, o que se pierden en el éter, probablemente. No te culpo, no me culpo. Simplemente caducó el amor.
Llevo mi nuevo cuaderno, el que contendrá una nueva historia y así me despido de ti, te digo te amo y te digo adiós. No me comprendas, no hace falta, sé que sueno contradictoria al decir que te olvidaré, pero que aún te amo, es porque quizás aún sigues en mi corazón, pero llega un momento en el que debes poner punto final a un relato. Me contradigo, es mi naturaleza, soy inconstante, inestable, lo sabes perfectamente.
Miro mi nuevo cuaderno, miro aquel blanco horizonte, sonrío con cierta complicidad con la vida y quizás diciembre no sea el final, sino otro comienzo.

"Un infinito horizonte blanco"

martes, 16 de octubre de 2012

Tu sombra, mi delirio

La sombra de un amor que no existe. Eso eres, vano fantasma que me acosa en las noches, que asalta mis pensamientos, desprende cien suspiros y evoca otros tantos recuerdos de un pasado inhóspito que cada día pretendo olvidar, fallando cada atardecer cuando el sangriento sol me grita tu nombre, cuando con las llamas que lo consume, incinera también mi corazón que recuerda tu sonrisa y la honda llaga de una antigua daga, aparentemente cicatrizada, llora ríos de sangre una vez más.
Me dirán tonta, cursi, qué sé yo todo lo que pasa en este momento por sus mentes. Sólo es cierta una cosa, tu sombra, mi delirio. Y es que el vil pasado me persigue, me acorrala en un laberinto sin salida, oscuro, tenebroso, hay un ligero y tenue rayo de luz delante de mí siempre, corro tras él, mas es inútil, nunca lo alcanzo y tu sombra se apodera de mi frágil corazón.
Eres mi delirio, eres mi perfecta mentira, quizás jamás fuiste real, jamás te odié. Alguna vez creímos tener un reino en nuestras manos, pero en un inesperado y fatídico momento, todo acabó, lo vimos destruirse, los escombros de lo que algún día fue, se deslizaban por nuestros dedos cual arena mientras nuestros ojos miraban atónitos. La mortal daga atravesó mi alma. Y un invierno perenne sepultó mis ilusiones. Nació mi falsa sonrisa para ocultar mis lágrimas.
Mi alma no quiso volver a sentirse atada a otro mortal. Quiere libertad, cree tener libertad, pero ignora que será siempre tu prisionera, porque mi corazón nació con tu nombre tatuado en él. Escribí nuestra historia en la arena para que la marea se la llevara a lo más profundo del océano. Ilusa, Poseidón la regresa cada noviembre a mí cuando las olas pegan contra el peñasco, o con la fría lluvia en la ciudad, con los grises días, la gélida brisa.
No sé si te amé, o aún te quiero, sólo sé que me haces falta, que el rompecabezas de mi vida no tiene la pieza que le faltaba cuando saliste por aquella puerta sin decir nada. Porque quizás, aunque me empeñe en negarlo, eres la libertad a la que elijo sentirme atada por la eternidad. Sencillamente será por siempre tu sombra, mi delirio.

" Nuestra historia en la arena..."

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Para mí tu recuerdo...

Este blog no sólo es para compartir los pensamientos y las historias que cruzan por mi cabeza, sino también para compartir vivencias o gustos. Compartiré un poema que me gusta mucho, un poema que quizás a más de uno nos hace sentir identificados, pues todos hemos vivido en algún momento una decepción. Este poema se refiere al amor que puede llegar a sentir alguien por otra persona y cómo ésta le falla, se aleja de él/ella hiriéndolo/a y hace como si no hiciera ningún mal. Sin embargo, el autor no reprocha nada, tal vez porque aún no era nadie en su vida o porque comprendía que no se puede obligar a una persona a sentir, a querer, a amar. A veces llegan personas a nuestras vidas a las que les entregamos nuestro corazón, se llevan nuestros sentidos, nuestra razón, ignoramos aquel sentimiento y vivimos en un mundo perfecto, pues dicen que amar es sufrir, aunque pienso que el verdadero amor es incapaz de hacer sufrir; aquella persona cambia nuestra mundo y concepción de la vida, probablemente al ser la equivocada, no ocasiona más que lágrimas, pero por alguna razón el ser humano tiende a ser masoquista en algún momento y prefiere sufrir antes que no sentir nada.
Este poema es de Arturo Borja, poeta ecuatoriano de la "Generación de los decapitados", como se llamaba a los seguidores del modernismo en nuestro país y cuyos destinos tienen algo en común a más de la nostalgia y la melancolía, una muerte temprana, suicidio. A esta generación también perteneció Medardo Ángel Silva, reconocido por poemas como el "Alma en los labios" y "Se va con algo mío". Todos estos poemas están cargados de melancolía, hastío, profundo dolor y rechazo en muchas ocasiones a la vida, típicas características del modernismo.
Para mí tu recuerdo
Arturo Borja
Para mí tu recuerdo es hoy como la sombra
del fantasma a quien dimos el nombre de adorada...
Yo fui bueno contigo. Tu desdén no me asombra,
pues, no me debes nada, ni te reprocho nada.
Yo fui bueno contigo como una flor. Un día
del jardín en que solo soñaba me arrancaste;
te di todo el perfume de mi melancolía,
y como quien no hiciera ningún mal, me dejaste...
No te reprocho nada, o a lo más mi tristeza,
esta tristeza enorme que me quita la vida,
que me asemeja a un pobre moribundo que reza
a la Virgen pidiéndole que le cure la herida.



"Para mí tu recuerdo... Hoy muere en el ocaso, junto al glorioso astro"


jueves, 16 de agosto de 2012

Elijah Jailer

Elijah Jailer, hombre misterioso, hombre real, hombre que quizá en realidad jamás existió. Un día salí a caminar a eso de las 20h00 para despejar dudas que tenía en mi cabeza, sin imaginarme que vería al ser más extraño que jamás había visto en mi vida. Era una noche de esas iluminadas por la majestuosa luna, los alrededores lucían desolados, quizás porque era feriado y ya es una costumbre viajar a la playa, dejando completamente abandonada la ciudad. Es en el momento justo cuando cierro la puerta de mi casa que una repentina brisa helada cala mis huesos y me hace mirar involuntariamente a un hombre, un hombre alto, delgado, camuflado entre las sombras donde no llegaba la luz de la luna por su vestimenta negra, similar a la que usan los judíos; llevaba un sombrero de hongo, sombrero que me trasladaba a épocas pasadas; caminaba con aires de duque, pero con la mirada baja y la mano sujetando su reloj de bolsillo.
La curiosidad se apoderó de mí, entonces decidí cruzar la calle e intentar alcanzar al enigmático sujeto. No iba rápido, pero sí lo suficiente para lograr dejarme atrás y obligarme a aligerar el paso. Cuando al fin lo alcancé, el hombre pareció no inmutarse ante mi presencia, es como si yo no existía, o él estaba suspendido en una burbuja aislada del mundo; le dije 'Buenas noches' por si lograba captar su atención, pero fue en vano. Luego de doce minutos aproximadamente me miró con sus ojos negros, penetrantes y distantes, y me indicó con la mano que lo siga, sacó un habano y empezó a fumar; aunque tenía todo para ser un gran señor, luego vi que su traje estaba remendado y el reloj se veía que era un vestigio familiar que tenía grabado en la parte de atrás 'Jailer'. Es ahí cuando le pregunté que significaba el 'Jailer', ya que en inglés vendría a ser carcelero; él con su gesto soberbio y de que no le importó una sola palabra de lo que dije, con su mirada me dijo 'tus argumentos y todo lo que dices no me interesa' y lo único que contestó fue: Es mi apellido.
Entonces empecé a sentir aún más curiosidad, me preguntaba a mí misma, mientras lo acompañaba si era británico, judío, francés, en realidad no lograba identificar de donde era. Sus facciones gritaban que era probable que tuviera ascendencia judía, o turca, quizás; mientras que su apellido y su vestir me traía a la mente a los elegantes británicos de antaño.
Debo mencionar que el sujeto habrá estado rondando los 50 años, pero yo tenía la sensación de que era un tanto más joven y lo conocía de algún lugar. Luego de hacerme todas estas preguntas y mi inútil esfuerzo por responderlas, empecé con el interrogatorio. Le pregunté cuál era su nombre, de donde venía y si no lo había visto en alguna otra parte antes. A todo esto volvió a mirarme de la misma forma que antes y regresó sus ojos al suelo, pasaron diez minutos y me dijo: Elijah. De algún lugar. Hace más de cien años.
No comprendí una sola palabra, o en realidad sí, pero no quería hacerlo. Fueron las respuestas más extrañas que escuche en mi vida, y más aún con la seriedad que me di cuenta que lo caracterizaba; al menos ya supe que su nombre era Elijah Jailer, no contestó mi pregunta sobre su procedencia y la que hasta ahora retumba en mi cabeza es 'Hace más de cien años', qué me quiso decir con esto, quién era en realidad, empecé a llenarme de temor y las preguntas comenzaron a bombardear mi mente una vez más, sin embargo quería seguir, era inevitable, quería conocer más sobre Elijah Jailer.
Decidí preguntarle que quería decir con eso de que nos habíamos visto hace más de cien años, y a esto por primera vez respondió rápidamente y con una mirada un poco más dulce aunque cargada de nostalgia. Me dijo, "sí hace más de cien años, aunque tu alma ya lo haya olvidado", aún no entendía nada y llegamos a una casa, una casa que jamás había visto, muy vieja por cierto, y al parecer era suya, me invitó a pasar, me sirvió una taza de té; mientras que él se sentó frente a la chimenea que iluminaba el tétrico lugar, sacó otro habano, fumó y no despegaba sus ojos del fuego abrasador. Luego de unos minutos de silencio y meditación, volteó a verme y me dijo que no tenga miedo, que afronte mis problemas, y que aprenda a escuchar mi corazón, sólo así no volveré a tener dudas. Se levantó, por segunda vez me miró fijamente a los ojos, con más dulzura aun y recalcó que me conocía y sabía perfectamente que la respuesta a mis problemas yo ya la tenía, lo único que tenía que hacer era: Escuchar el silencio. Aunque fue muy poco lo que dijo, me hizo reflexionar demasiado y parecía realmente conocerme. No permitió que le hiciera ninguna pregunta más y me pidió que me marchara, no me rehusé porque realmente quería escuchar el silencio y ver si realmente las respuestas estaban en mí.
Llegué a mi casa y descubrí que todo lo que me dijo Elijah era verdad, quizás lo más asombroso es que jamás le conté que me sentía mal y que tenía problemas, era una razón más para querer saber quién era aquella misteriosa persona. Sin embargo, no tenía el valor para ir a buscarlo, por esa razón me dediqué a verlo pasar todas las noches por mi casa a través de mi ventana. Sabía que podía ser como una especie de maestro de vida, pues su sabiduría estaba implícita, pero algo me detenía y no me dejaba ir tras él para descubrir quién era realmente.
Pasó una semana y decidí ir una mañana a casa de Elijah, justo había un guardia, entonces me acerqué y le pregunté si se encontraba el Sr. Jailer, a lo que el hombre contestó con una carcajada y mirada burlona, diciendo: ¿Sir Jailer? —suelta otra carcajada— Señorita, Sir Jailer, murió hace casi cien años, esta casa ha estado abandonada por décadas. Aquí sí vivió Sir Jailer con su amada esposa, pero ésta, lamentablemente murió y él un año después también falleció de tristeza. Le pregunté si ahí sólo había vivido con su esposa y el hombre sin contestar abrió el portón, caminamos hasta la puerta la abrió, entré por segunda vez a aquel aterrador, pero acogedor lugar, me condujo a una pequeña sala, a la cual yo no había ido la semana pasada y me muestra un cuadro, diciéndome: Aquí está la respuesta. Sin embargo, el hombre se sorprendió al ver el parecido entre la Sra. Jailer y yo, noté como su rostro se tornó de un color pálido, hasta los labios se volvieron un tanto blancos, pero por supuesto intentó disimular. Por mi parte, sentí que la sangre se me congeló y que mi cuerpo estaba a punto de caer, salí corriendo, era un cuadro de Elijah y su esposa, Elijah parecía de unos treinta años y su esposa de no más de veinticinco. Su esposa, era yo.
Un tiempo después descubrí que ellos cumplieron 15 años de casados antes de que ella muriera; y el último año, Elijah se destruyó por completo, quizás por eso llegó a aparentar más edad de la que tenía. Jamás tuvieron hijos, pero su amor fue profundo y verdadero.
Luego de esto no volví a verlo nunca más. Sea quien sea Elijah Jailer, me dio una importante lección de vida, me enseñó a escuchar el silencio y confiar en mí. Jamás olvidaré la figura del enigmático señor, ni su nombre: Elijah Jailer.

martes, 14 de agosto de 2012

Kelly Rivera, mi hermana

Hoy Kelly, cumples ya 17 años y realmente parece que fuera ayer cuando apenas estábamos en la escuela o celebrábamos tu cumpleaños número 8 si no me falla la memoria, quizás no lo recuerdes, sé que hay muchas cosas que no recuerdas en especial si tienen una mínima relación con mi colegio.
Déjame decirte que tuve suerte de encontrar una buena amiga como tú, una hermana. Compartimos gustos musicales y odiamos casi las mismas cosas. Recuerda que siempre seré tu confidente, a la que le podrás contar tus alegrías y tus desventuras.
Eres mi amiga porque has estado ahí cuando muchos quizás me dieron la espalda, porque siempre supe que podía confiar plenamente en ti, aunque ya no estudiamos juntas nuestra amistad ha perdurado durante estos tres años y eso es buena señal, es señal de que nuestra amistad es auténtica.
Porque algún día iremos a un concierto de Aerosmith no sé cómo, pero así será, cantaremos a todo pulmón sus canciones y le gritaremos a Steven Tyler que lo amamos *jaja*.
Y todas esas veces que nos reíamos de mis locuras; la vez que todas fueron mis cómplices y llamamos a JE, inolvidable anécdota, sin lugar a dudas; o tus 'no y ha-ha'.
En fin, una serie de buenos recuerdos de nuestra niñez y adolescencia. Y recuerdo todo esto porque aún no creo que cumplas 17 años, soy exagerada lo sé, pero es como ver a mi hermanita menor crecer y ya sé son pocos meses de diferencia, pero creo que eres de esas personas que me conocen muy bien y sabes a la perfección que soy así, un poco exagerada, un poco loca.
Hoy sólo quiero desearte lo mejor, que todos tus sueños se cumplan y alcances todas las metas que te has trazado en la vida, que Dios te acompañe siempre y te bendiga, que tu vida sea larga y próspera, espero que disfrutes este día lo más que puedas y recuerdes que tienes una hermanita que te quiere mucho.


Happy birthday KPRV!



lunes, 16 de julio de 2012

De la vida y algo más

La vida, la vida es eso que muchos disfrutan, que otros reniegan, que algunos luchan por no perderla y otros prefieren no volver a ver la luz jamás.
Es esa lección que nos toca aprender con amargura, sufrimiento y dolor; la cruel maestra, es rígida, bárbara, no admite faltas y nos condena sin ser culpables de algo, sus métodos de enseñanza son duros aunque sirven de mucho; lamentablemente hemos terminado de aprender o eso creemos cuando es demasiado tarde, cuando el ocaso nos alcanzó y el sol camina tembloroso a esconderse detrás del horizonte.
Sin embargo, no todo es malo, de hecho, la vida es maravillosa, y los años en la tierra no es el tiempo en sí que hemos inhalado oxígeno o que nuestro corazón bombea sangre, los años se miden de acuerdo a todos esos momentos que te dejaron sin aliento, que aceleró o paralizó tus latidos, esos momentos en los que una gran y sincera sonrisa se dibuja en tu rostro, esos momentos en los que amas sin medida y sin condición a alguien, esos momentos en los que no puedes parar de reír y sientes que hasta te falta el aire, esos momentos en los que quieres volar y te sientes libre.
Hoy en día, los seres humanos no sabemos vivir debido al ritmo de trabajo que llevamos, nos olvidamos de los pequeños detalles, los más importantes. Acaso nos hemos detenido a mirar el cielo en algún momento, o una flor, esa que vemos todos los días al pasar por aquella casa, pero no observamos la majestad de su existencia. Cuántos de nosotros hemos admirado el imponente e infinito mar y nos hemos dejado hipnotizar por él, perdiéndonos en el sonido de las olas que pegan contra la costa o el vaivén de cada una de estas que cuenta una historia fantástica de esas que hacen volar nuestra imaginación más allá de los confines de la razón; pues les aseguro que la respuesta de muchos será: "no".
A veces me pregunto por qué nos quejamos de nuestra vida, o nos sumergimos en depresiones sin sentido, por qué no aprendemos apreciar las cosas que creemos más insignificantes, pues déjenme decirles que estas son los más grandes tesoros, aquellos que hasta los piratas más avaros desearían. Y es hermoso ver la sonrisa de un niño a su madre en la calle, o un par de viejecitos caminando cogidos de la mano e imaginar la hermosa historia de varios años que cuentan juntos; es hermoso sentir el viento en tu cara, quizás te trae el mensaje de esa persona especial; es hermoso pasar un domingo con tu familia, discutir con tus hermanos o enfadarte con tus padres por motivos que muchas veces no tienen razón de ser, pero digo que es hermoso, porque algún día cuando la vida pase, serán recuerdos maravillosos, esos que el corazón encierra y no deja escapar jamás.
Se trata de vivir sin arrepentimientos, hacer lo que queremos, cuando queremos, cómo queremos, respetando claro está las normas establecidas y sin hacerle daño a los demás. Es aprovechar y vivir cada día al máximo, como si fuera el último, no sabemos si será así o si después las personas que estaban en ese momento luego no estarán más y vivirán sólo en nuestra memoria, lo importante es que al recordarlos mil sonrisas aparezcan en nuestro rostro, independientemente de las cosas negativas que hayan ocurrido.
Yo puedo decir que no me arrepiento de nada en mi vida, siempre hice lo que sentí, quizás fallé en muchas cosas y fallaré aún más a lo largo de este camino que tengo que recorrer, pero hasta ahora puedo decir que no me arrepiento de las personas que conocí, porque todas fueron importantes y de todas aprendí algo, me ayudaron a crecer y estaré eternamente agradecida por eso.
Si bien es cierto hay muchas con las que ya no hablo, pero puedo decirles que los recuerdo y tienen un lugar muy especial en mi corazón, aunque parezca lo contrario. No guardo rencores, pero a veces tenemos que comprender que nuestro objetivo en la vida de una persona ya fue realizado y nuestro período ha culminado, aunque en muchas ocasiones tenemos que dar un paso a un lado y seguir nuestro camino aun con una lágrima recorriendo nuestras mejillas, sabemos que es lo correcto y apropiado, quizás algún día nuestros caminos se vuelvan a cruzar, quizás nunca más.
En fin eso es la vida, un tren al cual se suben y se bajan muchas personas, algunas son imperceptibles, otras llenan de luz el vagón y cuando se marchan todo se vuelve oscuro, pero no podemos evitar que busquen su destino y decidir en qué estación bajar. Todo cambia, nada es absoluto, nosotros tampoco somos absolutos un día estamos, y al siguiente no. No importa si esto es real, o es fantasía, la imaginación de alguien más, sólo hay que vivir y jamás perder la sonrisa aunque el camino luzca pedregoso y estrecho.
Soñar, recordar, amar, llorar, caer y levantarse... Eso, eso es la vida.


                       

martes, 26 de junio de 2012

Te extraño

Te extraño, no sé si a ti, o a quien yo creí que eras. Extraño tu fija mirada en mí, el fuego de tus ojos incendiando cada espacio de mi ser, y los besos con las miradas clandestinas que me elevaban a la estratósfera a un lugar lejos de este mundo, a otra realidad, a la auténtica quizás, donde tú no te alejas de mí jamás y yo soy inmortal.
Extraño la manera en que tratabas de tranquilizarme cuando mi volcán estaba a punto de estallar y cómo olvidar tu sonrisa dulce y burlona al ver mi rostro completamente transfigurado por el enojo, era único, era perfecto. Extraño nuestras discusiones, realmente infantiles y sin sentido, cual dos enamorados que disfrutan de molestar al otro sólo porque adoran ver sus expresiones de disgusto.
Extraño tus locuras, esas que lograban dibujar mil sonrisas en mi rostro, haciendo que mis esfuerzos por ser seria contigo resultaran absolutamente inútiles.
Extraño tus manos anhelando rozar las mías o mi cintura, y yo ágilmente esquivándolas, era un juego y ambos lo disfrutábamos.
Tengo la seguridad de que algún día, no sé cómo ni cuándo, mucho menos el por qué, nos volveremos a ver y no haré otra cosa que abrazarte, y no soltarte nunca más.
Eres imperfectamente perfecto para mí, por eso te confieso que te extraño, porque no encontraré a nadie como tú y te buscaré en cada mirada distante en la calle con la esperanza de que seas tú, el de siempre; y debo confesarte también que no es que no pueda olvidarte, es que no quiero.

viernes, 1 de junio de 2012

Nuestro tiempo

Hoy debo confesar que la nostalgia invadió cada milímetro de mi ser, quizás el saber que es el último año que sentiré en el ambiente y respiraré la algarabía de las más pequeñas en el colegio celebrando su día, tal cual yo solía hacerlo algunos años atrás. Es difícil ver como el tiempo pasa y no se detiene, te vas arrastrando como mareas agresivas que intentan sumergirte hasta el fondo del océano y te rehúsas con todas tus fuerzas, pero el esfuerzo es definitivamente inútil.
Hoy me senté en una de aquellas bancas de madera de color café esas que conozco desde el primer día que pisé aquel colegio, me detuve a observar mi entorno como no solía hacerlo hace algún tiempo, y vi niñas vestidas de rosado, de lila, de aquellos colores que evocan la infancia y su alegría, aquella vitalidad característica y envidiada por los que el tiempo les está cobrando cuentas. Vi su emoción, las vi correr, saltar, gritar, cantar al unísono las canciones de Justin Bieber, la euforia que provocaba en ellas ver a alguien que imitaba a su ídolo infantil. Recordé claramente mis días de ilusiones infantiles en aquel mismo lugar, desde que tuve 5 años, fue como una película en la que me veía a mí misma en las diferentes etapas que he vivido ahí y una extraña tristeza recorrió mi ser al saber que era el último año que pasaría ahí, que usaría ese uniforme y me pregunté si realmente hice o hago todo lo que quiero hacer, y creo que la respuesta fue no, definitivamente hay muchas cosas que me faltan hacer.
En este momento escucho Payphone, la nueva canción de Maroon 5, y los recuerdos bombardean mi mente, no solamente esos de mi infancia, sino también los del mejor tiempo de mi vida: Mi adolescencia, inolvidable etapa, llena de ilusiones, decepciones, risas, lágrimas, ligero estrés del comienzo de una nueva vida cargada de responsabilidades, en fin son tantas cosas. Hablar de mi colegio siempre devolverá a mi mente aquellos recuerdos, hermosos y amargos, el amor de una quinceañera que despierta a la vida, los juegos infantiles, el helado en la mano con mi papá agarrándome de la otra caminando entre los árboles y la capilla, el abrazo de la más amorosa madre el primer día de clases con mis ojos vidriosos, las miradas furtivas de dos amantes que jamás pudieron ser, la complicidad de una linda amistad, los secretos, las actividades que nos dejaron alguna vez en ridículo, el hombro de una amiga que se llenó de lágrimas cuando un reconocimiento académico parecía alejarse de mi vida, en fin son tantas cosas que quisiera fuesen eternas y dejarlas congeladas por siempre, pero ¿cómo hacerlo? Lamentablemente sé que es imposible y nuestro tiempo se va, nos arroja a una nueva galaxia con distintos mundos por descubrir y explorar.
Yo solía ser como aquellas niñas, pero la vida te obliga a ser más fría, más seria y así continuará, y una parte de mí no quiere que avance el tiempo quiere regresar a la inconsciencia infantil, no quiere enfrentarse al nuevo monstruo que está por conocer, no quiero alejarme de ese lugar que me vio crecer y dejar atrás definitivamente todos los recuerdos. Sin embargo, estoy segura de que el día que me vaya, dejaré encerrada mi esencia en esas paredes, y sé que en algún tiempo, en algún lugar del pasado sigue todo ahí congelado, latente, continúo con las personas que quisé y que aún quiero, sigo riéndome con aquella compañera que imitaba a algún profesor divirtiéndonos a todas, y continúo hablando de él.
Ahora sé que no queda más que la resignación, mi infancia se fue, la niñez también y la adolescencia, la mejor etapa, va por el mismo camino, pero todas ellas conforman el mayor tesoro de un ser humano y lo único verdadero que nos llevamos durante nuestro paso por este mundo y es: Los recuerdos.
Solamente me queda decirles que disfruten cada día de su vida, amen sinceramente y sin condición, aprovechen cada segundo como si fuera el último, no busquen la felicidad, ella vive en nosotros y está conformada por esas pequeñas alegrías que a veces consideramos insignificantes y recuerden que hasta el momento que consideran más funesto en su vida trae una enseñanza o de él nace algo positivo. Recuerden lo bueno y olviden lo malo, así se vive mejor, sólo de esta manera encuentran paz y la verdadera felicidad, pero sobre todo hagan lo que quieran, cuando quieran y como quieran, siempre a su manera.
Empiezan a abrirse nuevos horizontes en mi vida, saldré a encontrar mi destino y recorrer cada camino, buscando el más difícil para que sea más grato el arribo.




Yes, it was my way.


martes, 20 de marzo de 2012

Después de la muerte

Morí hace algún tiempo atrás, lo que equivaldría a cinco años terrenales, que desde donde yo estoy no son nada, porque aquí no existe el tiempo.
Camino por un largo sendero blanco, hermosas flores lo adornan, son de todo tipo, tamaño y color. No me quejo de este lugar, pero no hay paz absoluta, y no es donde quiero estar, todos los que caminamos por aquí tenemos un "asunto pendiente" que no nos permite llegar a ese espacio soñado que está detrás del gran portón dorado, donde encontraremos sosiego eterno y nada inquietará nuestras almas.
Ahora bien, mi "asunto pendiente" tiene nombre, es mi amado esposo Roberto, nunca quise dejarlo pero la muerte me ganó, no estaba en mis planes esto, yo quería vivir a su lado y morir cuando ya tengamos nietos, en el ocaso de la vida como es normal, pero así es el destino, perverso y destructor de sueños.
Se me ha concedido visitarlo y solucionar todo aquello que deje pendiente, hicieron una excepción conmigo y esto fue gracias a que durante mi vida en la tierra procuré hacer las cosas bien y en beneficio de los demás.
Son las dos de la madrugada y soy incorpórea, como si fuera parte del viento, tengo impregnado el olor a rosas y la túnica blanca que me entregaron cuando llegué, el cabello suelto y frondoso, pero mi mirada sigue siendo la misma y mi amor por Roberto no ha muerto.
— ¡Ahí está mi amado! Duerme como un niño recién nacido —exclamé y suspiré.
Ahí estaba dormido, sin imaginar que yo estaba observándolo, como solía hacer cada noche, velando sus sueños. Me acosté de mi lado de la cama, que por suerte estaba libre, no hice ruido alguno, fui lo más sigilosa posible, sonreí al ver que seguía durmiendo de la misma manera con su mano debajo de su mejilla, con aquella ligera sonrisa, y un suave ronquido. No podía creer que estuviera ahí de nuevo junto a él, acaricié su rostro, aunque claro no lo sintió porque soy sólo un espíritu.
De repente empezó a mover un poco su nariz como cuando olía algo, quizás fue el intenso aroma a rosas que lo inquietó, entonces lentamente fue abriendo los ojos, aquellos ojos que aún me hacen delirar, y apenas los abrió por completo dio un salto y casi cae de la cama, luego del "shock", empezó a derramar un par de lágrimas, mientras se dibujaba una enorme sonrisa en su rostro.
— ¡¿Eres tú?! —se acercó lentamente— ¡Cristina! ¡Mi amor! —no paraba de reír y llorar.
- Sí, soy yo, la Cristina de siempre, tu esposa. —le contesté con dulzura, mientras lo miraba fijamente a los ojos.
— Amor mío, te he extrañado tanto, la vida ha sido muy difícil sin ti —suspiró— Dime, ¿Cómo así  has venido a visitarme?
— ¿Acaso no te alegra que esté aquí?
— Claro que me alegra amor, ¿Por qué preguntas eso?
— Porque me pareció que no te agradaba mucho la idea de que esté aquí.
— ¡¿Qué?! —soltó unas cuantas carcajadas— Ay amor, sigues tergiversando lo que digo —No paraba de reír.
— Sí, sigo siendo la misma, la muerte sólo me alejó de mi cuerpo, pero mi esencia es la misma.
— Pues me alegro, porque fue de esa esencia de la cual me enamoré y sabes perfectamente que es así.
— Sí, pero ahora tú quieres a alguien más ¿no?— bajé la mirada.
— No, tú sabes que nadie jamás ocupará tu lugar.
— ¿Y la joven de tu trabajo?
— Estefanía es una gran amiga, ella siente algo por mí y me atrae, pero jamás amaré a nadie como te amo a ti y lo sabes.
— No creo lo que me dices.
— Pues que mal, siempre fuiste un tanto desconfiada, mas lo que te digo es verdad, a ti nunca te mentí, ni te mentiré.
— Mmm... Esta bien, como tú digas.
— Amo cuando te pones celosa, ¿sabías? Amo tu ceño fruncido, tu mirada se transforma en su totalidad, tus respuestas son una serie de monosílabos mientras te entretienes mirando a cualquier otro lugar menos a mí.
— Pero, ¿Quién está celosa aquí? Tú tienes derecho a rehacer tu vida, jamás me opondré mi amor, debes buscar tu felicidad.
— Aunque no lo quieras admitir estás celosa y ambos lo sabemos. Quizás tengas razón, pero siento que no sería lo más justo con la otra persona porque no le ofrecería aquel amor verdadero, pues ese sólo te pertenece a ti.
— Está bien, como tú quieras, sólo anhelo tu felicidad.
— Amor, la vida se volvió gris desde que te fuiste, pero tu recuerdo y las cosas maravillosas que vivimos me dan la fortaleza para seguir caminando.
— Recuérdame, pero tienes que rehacer tu vida... Yo te estaré esperando, siempre, por toda la eternidad.
— Está bien, te prometo que lo intentaré, sólo porque tú me lo pides, además pienso que Estefanía es una buena mujer, cierto?
— Así es, mi amor.
Ambos nos miramos con el mismo amor de siempre, nos besamos, aunque no podría ser totalmente real, siendo yo un simple espíritu y él atrapado en aquel cuerpo mortal con el que compartí las horas más felices de mi vida.
Una vez más le supliqué que rehiciera su vida y que no renuncie al amor, ni a las nuevas oportunidades que le daba la vida. Él acarició ligeramente mi fantasmal mejilla, mientras yo me volvía a perder en su mirada como lo primera vez que lo vi.
Dicho todo esto, el aroma a rosas volvió encenderse dentro de la habitación, era intenso, celestial. Era hora de regresar, con la diferencia de que ya había resuelto mis "asuntos pedientes" y podría alcanzar la paz que mi alma anhelaba.
Alguna extraña fuerza me apartó de mi amor, nos dijimos lo mismo que nos decimos siempre: Hasta luego, mi cielo.
Mientras estuve viva te amé, ahora aún después de la muerte te sigo amando Roberto... Hasta luego, mi cielo, en cada lluvia me encontrarás y no olvides que Bóreas, Euro, Noto y Céfiro siempre te hablarán de mí. Recuerda no es un adiós, es un... Hasta luego.

viernes, 17 de febrero de 2012

Búscame en el viento

Búscame en cada luna llena, porque como ella, estaré para iluminar aquellos momentos en los cuales la oscuridad se apodera de tu vida.
Búscame en el viento, porque es la única forma que encuentro para acariciar tu rostro.
Búscame en tus recuerdos, donde sé que vivo y no permitas jamás que me alcance el olvido, haciéndome su víctima.
Búscame en la fría lluvia de noviembre, para revivir el escenario en el que nos conocimos, aquel sábado de la tercera semana de noviembre en una tarde lluviosa y extremadamente fría. Cada gota encierra mi esencia y esa parte especial de nuestras vidas.
Búscame en aquella cafetería de la quinta avenida, para que el aroma del café me lleve a tu memoria nuevamente y te traslades al momento especial en el que tus labios tocaron los míos por primera vez.
Búscame en la radio, hasta encontrar esa nuestra canción, con la que nos enamorábamos más y bailábamos hasta morir.
Búscame en los latidos de tu corazón, pues yo vivo en él y cada uno te dice que te ama.
Búscame en nuestra fotografía, lamentablemente la única, pues las demás permanecen grabadas en nuestros corazones y no sufrirán el paso del tiempo, la posible destrucción o pérdida.
Por último, búscame en tus pensamientos. Sí, en alguna mañana sombría de abril, cuando la nostalgia me regrese a tu mente, cuando inexplicablemente me recuerdes, ahí me encontrarás, porque probablemente yo estoy evocando los maravillosos y efímeros momentos que viví contigo.
Pues sí, contigo descubrí la verdadera felicidad, pero también supe que puede ser efímera, que nos puede abandonar muy pronto, dejándonos en el rincón oscuro de la soledad, pero nunca en el olvido. Cuando esta felicidad se vivió como se debía, permanece en la memoria por siempre, jamás muere su recuerdo y ocasiona una enorme nostalgia en el futuro.
Búscame, nunca dejes de hacerlo, así como yo te busco en la calle, en los árboles, en el sol, en lo más sencillo, en lo sublime, en lo grandioso; vamos a buscarnos, para ver si conseguimos la piedad de las nornas y unen los hilos de nuestras vidas nuevamente.
Sin más que decir, ni más que suplicar, búscame.

lunes, 23 de enero de 2012

La playa de mi vida

Y todo comenzó no hace mucho, hace no más de 50 años, sí 50 años que son tan pocos comparados con lo que puede durar el amor, una eternidad.
Hace 50 años te conocí en esta playa, nuestra playa, era un hermoso atardecer de verano, el sol empezaba su camino para ocultarse detrás del horizonte, el cielo se tornaba de un naranja intenso, una suave brisa tocaba los cuerpos que caminaban en la cálida arena, y la dulce melodía de las olas.
En aquel paradisíaco paisaje estabas tú, te vi y automáticamente desaparecieron las escasas personas que estaban alrededor, me enfoqué en tus hermosos ojos azules que brillaban cada vez que mirabas al moribundo sol, en tu piel, un tanto bronceada quizás por excesiva exposición al majestuoso astro que ilumina cada día de nuestras vidas, tu maravilloso cabello negro como la noche con ligeras ondas que me recuerdan al movimiento de las olas del mar. No estabas nada elegante, un simple pantalón corto, una camiseta y descalzo sintiendo la arena entre tus pies.
Fue entonces cuando nuestras miradas se cruzaron por primera vez y supimos que no podríamos dejar de mirarnos nunca más, nos atamos el uno al otro, tú clavaste tus ojos de cielo en mí y yo mis ojos de noche en ti, tuvimos la certeza de que nos pertenecíamos, de que después de tanto buscar al fin nos encontramos.
Sin darme cuenta apareciste a mi lado, preguntaste mi nombre y tomaste mi mano, yo te respondí y dijiste que era el nombre más dulce que habías escuchado, miraste mis ojos, dijiste que tenía una mirada profunda de aquellas que hacen perder la razón a cualquier mortal, mi voz para ti era una dulce melodía, así como las sirenas que con su atractiva voz llevaban a la perdición a los marinos, te perdías en cada palabra que pronunciaba llevándote al delirio y a la adicción.
Fue todo tan repentino, sin duda un amor a primera vista que sería sempiterno. Aquella tarde caminamos juntos por la orilla cogidos de la mano como esos enamorados que cuentan varios años juntos, nadie creería que teníamos apenas una hora de habernos conocido.
Y así, cada encuentro fugaz de este amor se daría todas las tardes en la misma playa, nuestra playa, testigo del profundo amor adolescente, del primer amor, del verdadero. Recuerdo nuestros dulces besos, como besabas primero mi frente con una ternura inigualable, me abrazabas y luego besabas mi mejilla de la manera más sútil y romántica, después mirabas mis ojos, me susurrabas al oído te amo con esa voz que me hipnotizaba, cogías con tus robustas manos delicadamente mi rostro, te acercabas despacio y besabas mis labios, como si no hubiera un mañana, como si fuéramos los únicos sobre la faz de la tierra, nos sumergíamos en un mar de amor y explotaba nuestro corazón de tanta emoción, y digo nuestro porque éramos uno sólo, un sólo corazón latiendo y compartiendo el mismo maravilloso sentimiento.
Todo era perfecto, el mejor verano de nuestras vidas, pero sabíamos que algún día iba a terminar, quizás nuestro amor seguiría intacto, mas bien sabíamos lo perversas que pueden llegar a ser las parcas y lo mucho que se divierten con los hilos de la vida de nosotros los mortales, quizás en uno de sus juegos decidían separarnos, pero no por eso acabaría nuestro amor.
El último día de verano nos encontramos en nuestra playa, decidimos que sea en la noche, pues tú tenías que cumplir la voluntad de tu padre, aquella de estudiar en el extranjero, ni tú, ni yo podíamos hacer nada, sólo me quedaba esperar por ti y seguir amándote como siempre. Entonces ese día fue nuestra despedida tan amarga, tan dolorosa, como si centenares de espinas se clavaran en nuestros jóvenes e inexpertos corazones, con lágrimas inundando nuestros ojos, te acercaste a mí y una vez más susurraste a mi oído lo mucho que me amabas, yo te mire, te besé la mejilla y te dije que jamás volvería a amar a nadie como te amé y te amo a ti.
Mirábamos la luna que nos acompañaba y trataba de iluminar la profunda oscuridad que invadía nuestros corazones; desde aquella tarde en la que nos conocimos supimos que esto pasaría, el dolor estaba implícito y sabíamos que sufriríamos esta crueldad del destino, mas esto jamás nos desanimó y aunque vaticinábamos aquella tristeza también teníamos la absoluta certeza de que nuestro amor sobreviviría y que si en esta vida no realizábamos nuestro amor, teníamos a la eternidad de nuestro lado.
Me prometiste que volverías por mí, que nos casaríamos, yo te callé con un beso y te dije con la voz un tanto quebrada, que no prometas nada, que vivas tu vida, que busques tu felicidad, que yo siempre te esperaré, no hacía falta que me lo pidieras, pero tampoco quería que vivas atado a una promesa que probablemente nunca llegues a cumplir.
Me levanté despacio, admiraste el vestido blanco que con tanta ilusión había comprado para que me recuerdes hermosa y perfecta como siempre me decías, tomé tu mano y tú la mía, la besaste y la acercaste a tu pecho, yo te miré a lo ojos, en los cuales siempre me perdía, acaricié tu rostro y la escasa barba que decidiste dejarte porque pensabas que se te veía bien y pues así era, debo confesarte que me gustaba. En aquel momento no podía evitar que las lágrimas salieran de mis ojos, trataste de calmarme y me cantaste como lo solías hacer, cantaste nuestra canción, esa que amábamos y que me dedicaste una tarde mientras tocabas la guitarra para mí a orillas del mar.
Te dije que después de otros cincuenta veranos nos volveríamos a encontrar, ahí en el mismo lugar y de la misma forma en la que nos conocimos, luego me despedí, me besaste, me cogiste de la cintura, cosa que amabas hacer mientras yo jugaba a zafarme de tus cálidos brazos, los cuales siempre desvanecían el frío de mi cuerpo, tú sabías perfectamente que era sólo un juego porque yo quería permanecer atada a ellos por siempre.
Nuestro último beso fue el más doloroso y el más sublime, acompañado de las lágrimas saladas que brotaban de nuestros ojos y recorrían nuestras mejillas, de una triste sonrisa que resultó del dolor del adiós y de la alegría por saber que nuestro amor sería eterno. Nos trasladamos a nuestro universo, nos abrazamos muy fuerte y no nos dijimos adiós, fue un simple y melancólico hasta luego, tomaste mi mano por última vez y lentamente me fui alejando de ti, di media vuelta y seguí mi camino acompañada del dolor y del frío que empezaba a calar mis huesos. Miré por última vez y ya únicamente veía tu espalda.
Desde aquel día mi vida se convirtió en un perenne invierno, frío, oscuro y triste. Tuve muchas alegrías durante mi paso por este mundo, pero ninguna se comparó jamás contigo. Como lo supuse nunca volviste, pero yo juré esperarte por siempre, aunque no volviste, yo sabía que tu corazón aún latía por mí.
Hoy ya se cumplen 50 años desde aquel adiós, estoy aquí sentada al pie de mi ventana, viendo a la gente pasar, a la calle y su algarabía, estoy tomando un café mi fiel compañía de cada tarde; decidí salir y pasear por la playa como solía hacerlo en mi juventud, era el último día de verano, no podía desperdiciarlo, me puse un vestido blanco, me arreglé un poco y fui a mi playa, a la playa de mi vida, donde cada grano de arena encerraba mi alma. Salí sin buscar nada, ni a nadie, simplemente quería volver a ver el crepúsculo vespertino u ocaso similar a la etapa de la vida en la cual estoy entrando, hace ya muchos años que no lo admiraba. Mientras caminaba, vi un hombre, muy simpático, de cabellera blanca, vi sus ojos y automáticamente reconocí aquella mirada que me enamoró hace medio siglo, sí, eras tú mi dulce amor, entonces igual que la primera vez, también me miraste y me reconociste, aceleraste el paso y llegaste hasta mí, nos miramos durante algunos minutos permanecimos inmutados sin poder pronunciar una sola palabra, luego interrumpiste el silencio diciendo mi nombre con tanta dulzura y tanto amor como antes, yo pronuncié el tuyo con la misma ilusión de siempre, una vez más tomaste mis manos y me susurraste al oído un tierno te amo.
Me explicaste todo lo que había ocurrido en tu vida, el por qué de tu larga ausencia, pero me aclaraste que siempre fui tu amor, que jamás me olvidaste, esto revivió el corazón que yacía inerte dentro de mi pecho. Yo te confesé un par de cosas como que te esperé tal cual te prometí alguna vez y que no hubo un minuto de mi vida que haya dejado de pensar en ti. Fue en aquel momento que nos fundimos en uno de esos besos que nos roban el aliento y nos transportan a un lugar especial donde sólo existimos nosotros, nosotros los mismo de hace 50 años, hoy ya nos acercamos a nuestra séptima década y en el ocaso de nuestras vidas nos volvimos a encontrar.
Siempre lo supimos y siempre lo esperamos, un día como hoy hace 50 años nos despedimos, y ahora nos volvemos a decir hola, pero esta vez no habrá adiós, esta vez no existirá el dolor, viviremos lo que nos queda de vida juntos como siempre debió ser. Sí, vencimos, nuestro amor fue más fuerte, logró derrotar al destino, al tiempo, sobrepasó las barreras existentes, y ahora veremos cada atardecer, cada amanecer y cada anochecer juntos y así será por siempre. Ahora sé que el primer amor suele ser el verdadero, antes de ti no hubo nadie y después de ti tampoco; siempre fuiste tú, mi primer y único amor.