miércoles, 12 de junio de 2013

Me vs. Me

Pues bien, por dónde comienzo. Claro, por decirles lo curioso que es mi caso, ¿El curioso caso de Camila Yerovi? No exactamente. Es curioso el hecho de que sienta que existen varias personas dentro de mí, las cuales siempre discuten, organizan asambleas, pero jamás llegan a un acuerdo. Es curioso el hecho de que estas personas son totalmente opuestas, veamos: está la Camila racional, la enamoradiza, la insegura, la osada, la práctica y la complicada, la realista y la soñadora, y así; me resulta tedioso nombrarlas a todas. Pues aquí les presento un portal a mi complicada mente.
Soy una persona complicada con una vida complicada, eso. Y mis complicaciones empezaron después de él, sí alguien a quien quise mucho, quizás de la única persona que me he enamorado hasta el momento, o eso pensaba. Es como si viviera en un laberinto eterno del cual jamás logro salir, es oscuro y tétrico, estoy sola, sola con mis Camilas agobiándome. Les contaré cómo comenzó todo...
Yo quería ayudarlo, quería ser una heroína. Ilusa, "nadie cambia" me lo repetía siempre mi abuela. Fue uno de los sentimientos más puros y sinceros que tuve, esto es un cliché quizás pero en mi caso es la realidad. Es como cuando encuentras a alguien con quien siempre habías soñado, tenía prácticamente todas las características del chico ideal que tenía en mi cabeza. Hubo un momento en el que creí que jamás acabaría, que efectivamente "nacimos el uno para el otro" porque era perfecto. No logré lo que me había propuesto, fracasé, no lo ayudé. Me lastimé, nunca me quiso, quizás siempre le perteneció a alguien más. No miento cuando digo que caí en un abismo, un abismo sin fondo del cual no escapaba ni entraba luz.
En ese abismo, en el que nunca dejaba de caer, abandonada a mi realidad, a mis circunstancias, ya no habían esperanzas. Ya no creía, ya no sentía. Dominaban en mí todas mis Camilas oscuras como aquel abismo. Todo era negro, era lúgubre, mi mirada taciturna, mi sonrisa resquebrajada... Ocultaba una tristeza inmensa. No sé si la tristeza de una frustración de no lograr lo que me había propuesto o la tristeza de saber que no puedo querer a nadie y nadie puede quererme a mí. La tristeza de saber que esa es mi condena, pago una deuda que no sé cuándo adquirí. Estar condenada a una perenne soledad, por el simple hecho de que tengo un repelente natural de personas. Después de aquello, empecé a convencerme de que no soy una persona a la que se deba conocer y mucho menos querer. Hace dos años percibí mi realidad y me rehusaba aceptarla, ¿a quién no le cuesta aceptar que es alguien vacío y a más de eso, incapaz de inspirar amor en otra persona? Es difícil. Sin embargo, ahora lo acepto y me estoy acostumbrando a vivir con eso.
Pasó el tiempo, y fui olvidando a mi primer amor, ilusión, yo qué sé. Luego aterricé, el abismo ya tenía fondo, ya puse los pies en la tierra. Aún así, continuaba todo tan sombrío, estaba tan desconcertada, tan abandonada a mi melancolía, abstraída en dulces recuerdos, viviendo una fantasía... Esperando un halo de luz, con mi salvador y que éste sea él. No creía, no vivía, no soñaba, no sentía, nada importaba lo suficiente, él era mi sol y yo el único planeta que giraba alrededor de él... No existía mundo, Dios, ley, no había nadie... Era solo él.
Sin embargo, un buen día, vi un tenue rayo de luz, lo perseguí y a medida que me acercaba aumentaba su tamaño. Buena señal, iba en el camino correcto. Y ahí estaba, mi ángel, al que tanto había esperado. Pero no era él, me decepcioné. Quise regresar y él tomó mi mano con tal ternura que no pude rechazar su invitación. Me llevo a la claridad, me rescató, le estuve tan agradecida y él no se apartaba de mí. Quise alejarme, no quería sufrir otra vez pero él insistió con tal fervor, que no me rehusé. Lo conocí, era una versión mejorada de mi perfecto, porque mi ángel era perfectamente imperfecto. Aprendí a querer cada parte de su ser, a amar su compañía, mas esto jamás es suficiente. En mi ángel encontré mi Valhalla, creyéndome una guerrera que falleció en el campo de batalla; encontré el Shangri-La, el paraíso cristiano, como quieran llamarlo. Ese era mi lugar, a su lado.
"Nothing lasts forever even cold November rain" gracias GnR. Nada dura para siempre, todo acaba, me lo repetía, pero vivía sumida en mi burbuja, en mi Shangri-La bebiendo el elixir que me daba. Aún así, se marchó, lo alejé quizás. Era muy bueno para ser cierto, y solo me queda mi eterna melancolía, mi eterna lluvia de Noviembre. Mi ángel me arrojó a este laberinto en el que ahora estoy y del cual no puedo salir. No hallo la salida, es desesperante, aún más con estas voces que no me dan sosiego.
Vivo preguntándome si algún día me libraré de estas cadenas que siempre me devuelven a un lugar aislado, sin sonrisas, sin sentimientos, donde solo hay... Nada. Una vez más, no siento, quiero olvidarme del mundo, quiero refugiarme en mis fantasías, mientras recorro todos los rincones de Niflheim, quizás ese es mi laberinto. Tal vez mi laberinto esté en mi mente, ya no lo sé. Estoy frente a un computador lamentando mi corazón muerto, cansado de indiferencia, escuchando The Unforgiven II, no defino nada. No diferencio realidad de lo que ocurre en mi compleja mente que es más bien un campo de batalla constante. 
Mis Camilas llegaron a un acuerdo, algo realmente nuevo y una de ellas enunció la orden: "¡Aléjate, déjalo ir, es la única forma de salir de esta mierda!" Me sorprendió la palabra, lo dijo mi Camila que no siente respeto por nada, la recia y altanera. Entonces lo comprendí, no volví a hablar de él con nadie. Llegó de la nada y de igual forma se fue, se esfumó. Mis esperanzas partieron con él, los sueños absurdos que empecé a fabricar.
Después de todo, te acostumbras a volar con alas rotas, a sonreír con lágrimas metiéndose a  regañadientes de vuelta en tus ojos, a vivir sin sentir cómo la vida pasa con sus oportunidades y sus porquerías. Ahora solo soy yo enfrentándome a mí misma, a la que depositaba su fe en algo que jamás siquiera germinó. Soy yo, queriendo recoger mis pedazos y reconstruirme. Soy yo no sintiendo nada, una vez más. Creyendo en nada, queriendo nada, preocupando por nada, excepto vencerme y vencer. Soy yo arrojada al nihilismo como me dijeron, aunque no considero que eso aplique en mí. Simplemente desaparecieron las cosas buenas que estaban resurgiendo en mí y vuelvo a mi misantropía, y vuelvo a mi realidad... Y vuelvo a la nada.

 "Nothing lasts forever and we both know hearts can change"