domingo, 1 de enero de 2017

Felicidad es...

Me quedo con este instante: el gordito con su crucigrama, mamá y la ñaña con el celular, una descubriendo de qué va un servicio de mensajería y la otra respondiendo los muchos mensajes que dice tener, Ricardo hablando mientras papá aún sigue en el dilema de reírse o dormirse con cada una de sus palabras, Esteban no puede respirar porque su risa no se lo permite y yo admirando la escena. Este instante tan nuestro, ellos siendo ellos, los de siempre, como antes, efectivamente hay cosas que no pueden cambiar y lo agradezco. Este pequeño instante, insignificante a simple vista, elijo guardarlo por siempre en mi memoria, lo capturé en una fotografía mental porque siempre será sinónimo de felicidad, de gratitud a la vida, de esperanza.
No hace falta más, en ese pequeño instante sentí que lo tenía todo, no deseaba más, no pertenecía a otro lugar y un amor infinito a mi familia consumió mi ser. Me quedo con el discurso sin comenzar de Ricardo, con su "querida familia" que terminaba en sus antepasados o la fulanita vecina suya de su juventud, pero jamás en lo que realmente quería decirnos. Con la risa de mi hermano, la expresión graciosa de papá, la atención consumada de mamá en el celular, la locura de mi tía y la concentración de mi tío en su crucigrama.
Quiero tenerlos así siempre, pero siempre es una palabra peligrosa, prefiero disfrutarlos cada día de este nuevo año, como ha sido hasta ahora, y creer que la eternidad rebosa en esos instantes efímeros.