martes, 13 de noviembre de 2012

Diciembre y un adiós

Era Diciembre, la gente con su alegría y euforia, los niños escogiendo los regalos, los coloridos árboles y el frío que calaba los huesos. Caminaba sola, miraba a las personas pasar, mas para mí no existían, era yo ahogada en mi río de lágrimas que no lograban brotar de mis ojos, no hallaban el camino, al igual que yo. Completamente perdida, sumida en recuerdos, en sueños rotos, en promesas que no se cumplieron, en una carta, una canción y una rosa.
Todo murió, la fervorosa ilusión de tus ojos se había apagado, la llama quedó sepultado bajo una gruesa capa de nieve, la misma que quizás trajo diciembre. El primer recuerdo que tengo de ti son tus ojos mirando fijamente los míos y las voces temblorosas al presentarnos. El último, un adiós apesadumbrado, y tu espalda perdiéndose en un infinito horizonte blanco.
No hay consuelo, solo una carta y una rosa ya marchita entre mi librillo de poemas furtivos, de escritos inconclusos, de ilusiones absurdas. Quizás las nornas así lo quisieron, quizás nosotros mismos fabricamos nuestro destino. Mientras continúo mi camino sin rumbo fijo, suena nuestra canción sonrío con nostalgia e intento escapar a otro universo, mentirle a mi alma y olvidar lo que alguna vez fui, olvidarte, olvidarnos, como si fuera Clementine.
Nos veo bailando en la mitad de la calle, es una jugarreta de mi cerebro, confunde realidad, fantasías y recuerdos. Nunca fui fanática del amor, lo admito, es más era una completa escéptica, sé que eso molestó a Cupido y ahora se burla junto a Venus de las angustias de esta mortal, sus dramas y sentimientos propios de los que no moramos en el glorioso Olimpo.
Sabes que fuiste mi miel y mi hiel, mi cielo y mi infierno, mi realidad y el producto de una imaginación ahora muerta, mi verdad y mi mentira. Eres mi todo y mi nada. Fui alguien que cruzó tu camino alguna vez, alguien que recordarás cuando menos lo esperes, cuando una ligera voz te grite mi nombre y susurre un te amo esparcido en el viento.
Sigo con mi vida, te recuerdo, sin embargo sé perfectamente que no se puede resucitar a los muertos, cerré un capítulo, guardé mi viejo cuadernillo, pusé una etiqueta que decía claramente “Diciembre y un adiós“ en un primoroso cofre de madera y lo escondí en el último rincón de mi armario. Hoy salí a encontrarte y a guardarte bajo llave también en el desván de mi mente.
Vivo en los recuerdos de una mente sin memoria, en la tuya, recuerdos que los tragó un agujero negro, o que se pierden en el éter, probablemente. No te culpo, no me culpo. Simplemente caducó el amor.
Llevo mi nuevo cuaderno, el que contendrá una nueva historia y así me despido de ti, te digo te amo y te digo adiós. No me comprendas, no hace falta, sé que sueno contradictoria al decir que te olvidaré, pero que aún te amo, es porque quizás aún sigues en mi corazón, pero llega un momento en el que debes poner punto final a un relato. Me contradigo, es mi naturaleza, soy inconstante, inestable, lo sabes perfectamente.
Miro mi nuevo cuaderno, miro aquel blanco horizonte, sonrío con cierta complicidad con la vida y quizás diciembre no sea el final, sino otro comienzo.

"Un infinito horizonte blanco"