martes, 7 de octubre de 2014

Sin dudas

Y que no te quepan dudas, te quise.
Sin embargo, hoy no sé nada. No tengo certezas de nada. Solo sé que me quieres y que en algún momento, la vida fue buena con nosotros y yo también te quise.

Y que no te quepan dudas, la culpa es mía.
Yo permití que ese huracán llegara y destruyera todo a su paso... Una vez más. Yo permití que se llevara nuestro final feliz o mejor dicho nuestro momento feliz, mis últimas esperanzas... Mi amor, otra vez. Yo permití que nos aleje y  nos convierta en esto que somos ahora; lo sabes, la culpa es mía.

Y que no te quepan dudas, no me duele.
No me duele verte sufrir; no lo malinterpretes, no es que no me importas, es simplemente que soy incapaz de sentir algo ahora que no sea confusión. Te digo, por ejemplo, que verme llorar (y el motivo por el cual lo hago)... No me duele.

Y que no te quepan dudas, no te pediré perdón.
Eres la única persona en este mundo que merece que yo le suplique perdón, pero ya ves, no quiero o puesto mejor: no puedo. No quiero porque no puedo, eso. No puedo, estoy tan rota y vacía que ni eso puedo ofrecerte, unas simples disculpas. Y te lo digo claramente, no te pediré perdón.

Y que no te quepan dudas, te quise y tu dolor ahora es culpa mía...

...Y que no te quepan dudas, tal vez todas son excusas y tal vez no.  Y lo sé, esto último es la peor de todas mis usuales contradicciones.