Es esa lección que nos toca aprender con amargura, sufrimiento y dolor; la cruel maestra, es rígida, bárbara, no admite faltas y nos condena sin ser culpables de algo, sus métodos de enseñanza son duros aunque sirven de mucho; lamentablemente hemos terminado de aprender o eso creemos cuando es demasiado tarde, cuando el ocaso nos alcanzó y el sol camina tembloroso a esconderse detrás del horizonte.
Sin embargo, no todo es malo, de hecho, la vida es maravillosa, y los años en la tierra no es el tiempo en sí que hemos inhalado oxígeno o que nuestro corazón bombea sangre, los años se miden de acuerdo a todos esos momentos que te dejaron sin aliento, que aceleró o paralizó tus latidos, esos momentos en los que una gran y sincera sonrisa se dibuja en tu rostro, esos momentos en los que amas sin medida y sin condición a alguien, esos momentos en los que no puedes parar de reír y sientes que hasta te falta el aire, esos momentos en los que quieres volar y te sientes libre.
Hoy en día, los seres humanos no sabemos vivir debido al ritmo de trabajo que llevamos, nos olvidamos de los pequeños detalles, los más importantes. Acaso nos hemos detenido a mirar el cielo en algún momento, o una flor, esa que vemos todos los días al pasar por aquella casa, pero no observamos la majestad de su existencia. Cuántos de nosotros hemos admirado el imponente e infinito mar y nos hemos dejado hipnotizar por él, perdiéndonos en el sonido de las olas que pegan contra la costa o el vaivén de cada una de estas que cuenta una historia fantástica de esas que hacen volar nuestra imaginación más allá de los confines de la razón; pues les aseguro que la respuesta de muchos será: "no".
A veces me pregunto por qué nos quejamos de nuestra vida, o nos sumergimos en depresiones sin sentido, por qué no aprendemos apreciar las cosas que creemos más insignificantes, pues déjenme decirles que estas son los más grandes tesoros, aquellos que hasta los piratas más avaros desearían. Y es hermoso ver la sonrisa de un niño a su madre en la calle, o un par de viejecitos caminando cogidos de la mano e imaginar la hermosa historia de varios años que cuentan juntos; es hermoso sentir el viento en tu cara, quizás te trae el mensaje de esa persona especial; es hermoso pasar un domingo con tu familia, discutir con tus hermanos o enfadarte con tus padres por motivos que muchas veces no tienen razón de ser, pero digo que es hermoso, porque algún día cuando la vida pase, serán recuerdos maravillosos, esos que el corazón encierra y no deja escapar jamás.
Se trata de vivir sin arrepentimientos, hacer lo que queremos, cuando queremos, cómo queremos, respetando claro está las normas establecidas y sin hacerle daño a los demás. Es aprovechar y vivir cada día al máximo, como si fuera el último, no sabemos si será así o si después las personas que estaban en ese momento luego no estarán más y vivirán sólo en nuestra memoria, lo importante es que al recordarlos mil sonrisas aparezcan en nuestro rostro, independientemente de las cosas negativas que hayan ocurrido.
Yo puedo decir que no me arrepiento de nada en mi vida, siempre hice lo que sentí, quizás fallé en muchas cosas y fallaré aún más a lo largo de este camino que tengo que recorrer, pero hasta ahora puedo decir que no me arrepiento de las personas que conocí, porque todas fueron importantes y de todas aprendí algo, me ayudaron a crecer y estaré eternamente agradecida por eso.
Si bien es cierto hay muchas con las que ya no hablo, pero puedo decirles que los recuerdo y tienen un lugar muy especial en mi corazón, aunque parezca lo contrario. No guardo rencores, pero a veces tenemos que comprender que nuestro objetivo en la vida de una persona ya fue realizado y nuestro período ha culminado, aunque en muchas ocasiones tenemos que dar un paso a un lado y seguir nuestro camino aun con una lágrima recorriendo nuestras mejillas, sabemos que es lo correcto y apropiado, quizás algún día nuestros caminos se vuelvan a cruzar, quizás nunca más.
En fin eso es la vida, un tren al cual se suben y se bajan muchas personas, algunas son imperceptibles, otras llenan de luz el vagón y cuando se marchan todo se vuelve oscuro, pero no podemos evitar que busquen su destino y decidir en qué estación bajar. Todo cambia, nada es absoluto, nosotros tampoco somos absolutos un día estamos, y al siguiente no. No importa si esto es real, o es fantasía, la imaginación de alguien más, sólo hay que vivir y jamás perder la sonrisa aunque el camino luzca pedregoso y estrecho.
Soñar, recordar, amar, llorar, caer y levantarse... Eso, eso es la vida.

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