Hoy me senté en una de aquellas bancas de madera de color café esas que conozco desde el primer día que pisé aquel colegio, me detuve a observar mi entorno como no solía hacerlo hace algún tiempo, y vi niñas vestidas de rosado, de lila, de aquellos colores que evocan la infancia y su alegría, aquella vitalidad característica y envidiada por los que el tiempo les está cobrando cuentas. Vi su emoción, las vi correr, saltar, gritar, cantar al unísono las canciones de Justin Bieber, la euforia que provocaba en ellas ver a alguien que imitaba a su ídolo infantil. Recordé claramente mis días de ilusiones infantiles en aquel mismo lugar, desde que tuve 5 años, fue como una película en la que me veía a mí misma en las diferentes etapas que he vivido ahí y una extraña tristeza recorrió mi ser al saber que era el último año que pasaría ahí, que usaría ese uniforme y me pregunté si realmente hice o hago todo lo que quiero hacer, y creo que la respuesta fue no, definitivamente hay muchas cosas que me faltan hacer.
En este momento escucho Payphone, la nueva canción de Maroon 5, y los recuerdos bombardean mi mente, no solamente esos de mi infancia, sino también los del mejor tiempo de mi vida: Mi adolescencia, inolvidable etapa, llena de ilusiones, decepciones, risas, lágrimas, ligero estrés del comienzo de una nueva vida cargada de responsabilidades, en fin son tantas cosas. Hablar de mi colegio siempre devolverá a mi mente aquellos recuerdos, hermosos y amargos, el amor de una quinceañera que despierta a la vida, los juegos infantiles, el helado en la mano con mi papá agarrándome de la otra caminando entre los árboles y la capilla, el abrazo de la más amorosa madre el primer día de clases con mis ojos vidriosos, las miradas furtivas de dos amantes que jamás pudieron ser, la complicidad de una linda amistad, los secretos, las actividades que nos dejaron alguna vez en ridículo, el hombro de una amiga que se llenó de lágrimas cuando un reconocimiento académico parecía alejarse de mi vida, en fin son tantas cosas que quisiera fuesen eternas y dejarlas congeladas por siempre, pero ¿cómo hacerlo? Lamentablemente sé que es imposible y nuestro tiempo se va, nos arroja a una nueva galaxia con distintos mundos por descubrir y explorar.
Yo solía ser como aquellas niñas, pero la vida te obliga a ser más fría, más seria y así continuará, y una parte de mí no quiere que avance el tiempo quiere regresar a la inconsciencia infantil, no quiere enfrentarse al nuevo monstruo que está por conocer, no quiero alejarme de ese lugar que me vio crecer y dejar atrás definitivamente todos los recuerdos. Sin embargo, estoy segura de que el día que me vaya, dejaré encerrada mi esencia en esas paredes, y sé que en algún tiempo, en algún lugar del pasado sigue todo ahí congelado, latente, continúo con las personas que quisé y que aún quiero, sigo riéndome con aquella compañera que imitaba a algún profesor divirtiéndonos a todas, y continúo hablando de él.
Ahora sé que no queda más que la resignación, mi infancia se fue, la niñez también y la adolescencia, la mejor etapa, va por el mismo camino, pero todas ellas conforman el mayor tesoro de un ser humano y lo único verdadero que nos llevamos durante nuestro paso por este mundo y es: Los recuerdos.
Solamente me queda decirles que disfruten cada día de su vida, amen sinceramente y sin condición, aprovechen cada segundo como si fuera el último, no busquen la felicidad, ella vive en nosotros y está conformada por esas pequeñas alegrías que a veces consideramos insignificantes y recuerden que hasta el momento que consideran más funesto en su vida trae una enseñanza o de él nace algo positivo. Recuerden lo bueno y olviden lo malo, así se vive mejor, sólo de esta manera encuentran paz y la verdadera felicidad, pero sobre todo hagan lo que quieran, cuando quieran y como quieran, siempre a su manera.
Empiezan a abrirse nuevos horizontes en mi vida, saldré a encontrar mi destino y recorrer cada camino, buscando el más difícil para que sea más grato el arribo.
Yes, it was my way.

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