Este blog no sólo es para compartir los pensamientos y las historias que cruzan por mi cabeza, sino también para compartir vivencias o gustos. Compartiré un poema que me gusta mucho, un poema que quizás a más de uno nos hace sentir identificados, pues todos hemos vivido en algún momento una decepción. Este poema se refiere al amor que puede llegar a sentir alguien por otra persona y cómo ésta le falla, se aleja de él/ella hiriéndolo/a y hace como si no hiciera ningún mal. Sin embargo, el autor no reprocha nada, tal vez porque aún no era nadie en su vida o porque comprendía que no se puede obligar a una persona a sentir, a querer, a amar. A veces llegan personas a nuestras vidas a las que les entregamos nuestro corazón, se llevan nuestros sentidos, nuestra razón, ignoramos aquel sentimiento y vivimos en un mundo perfecto, pues dicen que amar es sufrir, aunque pienso que el verdadero amor es incapaz de hacer sufrir; aquella persona cambia nuestra mundo y concepción de la vida, probablemente al ser la equivocada, no ocasiona más que lágrimas, pero por alguna razón el ser humano tiende a ser masoquista en algún momento y prefiere sufrir antes que no sentir nada.
Este poema es de Arturo Borja, poeta ecuatoriano de la "Generación de los decapitados", como se llamaba a los seguidores del modernismo en nuestro país y cuyos destinos tienen algo en común a más de la nostalgia y la melancolía, una muerte temprana, suicidio. A esta generación también perteneció Medardo Ángel Silva, reconocido por poemas como el "Alma en los labios" y "Se va con algo mío". Todos estos poemas están cargados de melancolía, hastío, profundo dolor y rechazo en muchas ocasiones a la vida, típicas características del modernismo.
Para mí tu recuerdo
Arturo Borja
Para mí tu recuerdo es hoy como la sombra
del fantasma a quien dimos el nombre de adorada...
Yo fui bueno contigo. Tu desdén no me asombra,
pues, no me debes nada, ni te reprocho nada.
Yo fui bueno contigo como una flor. Un día
del jardín en que solo soñaba me arrancaste;
te di todo el perfume de mi melancolía,
y como quien no hiciera ningún mal, me dejaste...
No te reprocho nada, o a lo más mi tristeza,
esta tristeza enorme que me quita la vida,
que me asemeja a un pobre moribundo que reza
a la Virgen pidiéndole que le cure la herida.
"Para mí tu recuerdo... Hoy muere en el ocaso, junto al glorioso astro"

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