martes, 7 de octubre de 2014

Sin dudas

Y que no te quepan dudas, te quise.
Sin embargo, hoy no sé nada. No tengo certezas de nada. Solo sé que me quieres y que en algún momento, la vida fue buena con nosotros y yo también te quise.

Y que no te quepan dudas, la culpa es mía.
Yo permití que ese huracán llegara y destruyera todo a su paso... Una vez más. Yo permití que se llevara nuestro final feliz o mejor dicho nuestro momento feliz, mis últimas esperanzas... Mi amor, otra vez. Yo permití que nos aleje y  nos convierta en esto que somos ahora; lo sabes, la culpa es mía.

Y que no te quepan dudas, no me duele.
No me duele verte sufrir; no lo malinterpretes, no es que no me importas, es simplemente que soy incapaz de sentir algo ahora que no sea confusión. Te digo, por ejemplo, que verme llorar (y el motivo por el cual lo hago)... No me duele.

Y que no te quepan dudas, no te pediré perdón.
Eres la única persona en este mundo que merece que yo le suplique perdón, pero ya ves, no quiero o puesto mejor: no puedo. No quiero porque no puedo, eso. No puedo, estoy tan rota y vacía que ni eso puedo ofrecerte, unas simples disculpas. Y te lo digo claramente, no te pediré perdón.

Y que no te quepan dudas, te quise y tu dolor ahora es culpa mía...

...Y que no te quepan dudas, tal vez todas son excusas y tal vez no.  Y lo sé, esto último es la peor de todas mis usuales contradicciones.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Pasa

Pasa que un día cualquiera ya no tienes lágrimas que derramar, simplemente estás tan cansada de todo, de la gente y su mierda, de ti, de las circunstancias actuales. Pasa que sigues estancada en el pasado, añorando, queriendo cosas que no existen. Que aunque te pese en el alma, ya terminaron. Pasa que quieres personas de vuelta, pero hey! ya no están, se han ido, y tú deberías hacer lo mismo. Pasa que estás harta de soportar las estupideces de la gente en nombre de un recuerdo. Eso pasa, y no sabes qué hacer ni qué sentir y sí, optas por no hacer ni sentir nada. Solo quieres quedarte durmiendo eternamente o en su defecto escapar de tu vida y dedicarte a hacer esas cosas que supuestamente no tienen futuro. Esa vida bohemia (libros, música, viaje por el mundo, fotografías, "amor y paz, hermanos") que tanto te hubiera gustado tener, pero no. Los demás no lo aceptarían y no quieres contrariarlos.
Pasa que ya no sabes qué creer, no sabes quién dice la verdad y quién no. Optas por sencillamente no creer. Pasa que la vida no es como tú pensaste que sería, que no eres quien planeabas ser. Pasa que las personas no son quienes tú creías que eran y te deja un sabor amargo y al mismo tiempo te vale tres atados, ¿por qué? porque te sientes horriblemente cansada y horriblemente vieja (sé que no lo soy, pero estas crisis te hacen sentir así) como para preocuparte.
Y creo que lo que más me preocupa es que pasa que todo esto me está importando un carajo (aunque suene terriblemente contradictorio, así soy yo). Estoy a punto de convertirme en un robot y eso no es lo que quería. Y sí, esto es culpa de todos ustedes, muéranse.
Sí, éste es el primer y (probablemente) último post de protesta en la pascualina-blog y no me interesa lo que piensen, solo necesitaba plasmarlo, a fin de cuentas cada quien hace lo que le da la gana, ¿no?

miércoles, 20 de agosto de 2014

Una fotografía

Llegaba a contarle de mi día y la encontré con un papel en sus manos. Me acerqué, dominada por una terrible curiosidad y le pregunté, como era de esperarse, qué era. Solo me miró a los ojos, sonrió y me entregó el papel diciendo: te dije que lo había hecho. Vi el papel estupefacta, era la foto más hermosa de mi vida: la única foto con él, nosotros, felices, enamorados...
No podía creer que la había revelado aun cuando le pedí que no lo hiciera, y lo hizo. Y me la entregó tres años después. Yo ya andaba pensando en alguien más, naturalmente, pero él seguía ahí, clavado como una estaca en mí, sangrando. Siendo siempre él, el único. Toda esa fiebre regresó y entendí que él jamás dejó de ser, que han pasado varios años y personas y yo sigo amándole a él y solo a él. Tal vez es la única persona que siento merece ser asociada a amor, puesto de otra forma: lo que siento es lo más cercano a eso según unos libros, unos versos, la vida. Tal vez jamás murió el sentimiento, solo las esperanzas infundadas... O ni esas, aún lo espero.
Todas las noches la veo una y otra vez solo para sentirle un poco cerca de mí aunque se haya ido de mi vida algunos veranos atrás. Aunque sea solo un recuerdo. Aunque yo sea sinónimo de olvido para él. Aunque a duras penas recuerde mi mirada perdida en él, mi intento de seriedad, mi sonrisa frustrada, mi risa reprimida, mis sarcasmos y mi pantomima de rebelde. Quizá no recuerda nada de esta resabiada, resentida y dramática o quizá sí, imposible saberlo.
A veces no me dan ganas de ser tan poética y decir las cosas de la forma más simple e insípida posible: le quiero y estoy convencida de que será así siempre. No lo quiero olvidar porque fácilmente podría ser lo mejor que me pasó en la vida, no lo quiero olvidar porque no he conocido a nadie que me ponga el mundo de cabeza y lo recomponga al instante siguiente. Es así de sencillo, no lo quiero olvidar.

Abrazo la fotografía, una lágrima se escapa y la desparezco con una de mis manos, escucho una última vez esa canción. Apago las luces y recuerdo los momentos más felices de mi vida y cierro los ojos y solamente pienso: lo mejor de mi vida siempre vendrá acompañado de sus inciales.


domingo, 25 de mayo de 2014

Imposibles

Te reconozco, eres quien siempre esperé en esencia... Tan solo en esencia. El mundo y sus prejuicios sembrados en mi cabeza no me permiten aceptarte de todas las formas posibles (y tal vez por eso coseche soledad). No me permiten aceptarte como aquel que quiero a mi lado para un día o dos, o para el resto de los días que me sobren de existencia.
Me asaltas los pensamientos todas las noches, me desespero, quisiera poder traerte hasta aquí por arte de magia, pero aún no encuentro el conjuro adecuado. Sin embargo, sé que te pienso y me piensas, y nos pensamos. Te busco en los espacios más oscuros y deliciosos de mi mente y te encuentro. Estás ahí mirándome, venerándome como siempre... Desde siempre. Me rindo al fervor de los ojos que me recorren y te siento, te sé. Te sé mío, naturalmente. Te reprendo por esto que causas e inmediatamente te beso.
Luego, abro los ojos y entiendo que son solo reflejos de mi alma, son ansias palpitantes, una sed agobiante, no sed de ti, sed de nosotros; eres tú clavándote en un lugar que creí muerto, eso que llaman corazón. Tan herido y maltratado el pobre estaba, pero la fortuna me sonríe a través de ti.

Lo siento, jamás podremos ser, no en esta realidad, no con abismos impuestos por mí misma separándonos. Tal vez mueras y persiga mi destino, y renuncie al linaje y seamos. Quizá ese es el destino trazado, más no puedo hacer. Soy cobarde para esas cosas, creo que lo sabes.
Quizá deba dejarlo así, un día quiero y al siguiente no, creo que lo sabes. No me gustan las ataduras, no me gusta depender de nadie y que nadie dependa de mí, creo que lo sabes. No me gustan las historias de amor típicas, me gustan las conflictivas, las silenciosas y simples, las imposibles y me temo que esto también lo sabes.
Jamás moveré un dedo por retenerte ni te dedicaré más letras que estas, no por orgullo o por la imposibilidad de corresponder, sino por el bien de nosotros mismos, el tuyo sobre todo. Mereces una Lúthien, no esta. Esta no enfrenta al mundo por nadie, por mucho que quiera. Esta prefiere sumirse en libros, ya sea en el mundo de Tolkien o en el de Zemansky. Dividida entre números y letras. Una, herencia de noble y tradicional estirpe; otra, inexplicable pasión innata.
No me quedaría más que desearte alegrías y tranquilidad a lo largo del camino, pero soy egoísta, y deseo que mueras de mí, para luego tal vez vivir yo de ti. De un recuerdo. Y así finalmente, al ocaso, después de mi larga travesía, salir al encuentro y morir de ti. No hace falta que agregue un tal vez y esto, esto también lo sabías...

viernes, 28 de febrero de 2014

Tal vez deba confesarte...

Tal vez deba confesarte una cosa o dos, o tres, o mil. 
Tal vez deba confesarte que no he encontrado a nadie con quién las horas se me hagan segundos por la amena y fascinante conversación. ¡Y cómo me gustaba la forma en la que plasmabas tus ideales con cada palabra que echabas de ti!
Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que comparta mi visión del mundo. Vaya que tu lo hacías.
Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que me conozca a la perfección y después de eso continúe ahí, soportándome... Entendiéndome.
Tal vez deba confesarte que no he encontrado a nadie que provoque esa fiebre en mí. Esas incontrolables ansias de verlo en lejanías, al menos. De saber que existe, que vive, que siente, que respira, que piensa y ¡Cuánto mejor si es en mí!
Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que me bese las amarguras, las histerias y las inseguridades.
Tal vez deba confesarte que apesta a olvido en este momento mi habitación, apesta a recuerdos muriendo. Se vuelven ajenos a mí. No hay forma de resucitarlos.
Tal vez deba confesarte que se desvanece tu figura abrazándome del álbum de mi alma, donde te capturé y creí que vivirías por siempre.
Tal vez deba confesarte que no te extraño, ni pienso buscarte... Ya no.
Tal vez deba confesarte que ya no te amo, ni te amaré.
Y posiblemente no encontraré a nadie como tú... O quizá sí.
Y probablemente amaré a otros de igual forma... O quizá no.


Y tal vez, sólo tal vez, deba confesarte que esta que escribe ya no soy yo... 
... Que yo dejé de ser cuando te olvidé.

sábado, 24 de agosto de 2013

Un final más

Se despertó, la luz del sol pegaba en su rostro, maldecía aquella luz. Se levantó, tomó café, le echó coffe-mate y una lágrima se deslizó por sus mejillas, pálidas, era  la muerte de su alma que las tenía de ese color. Moría otra vez, era la tercera, la cuarta, la enésima vez. Debía estudiar, prendió su laptop, encontró un archivo de su profesor preferido y se dedicó a realizar los entretenidos ejercicios de Movimiento Armónico Simple. Cogió su calculadora y se entregó a ello por completo, mientras las lágrimas surgían de sus ojos como presos a los que el destino les ayuda a huir de su calvario, de su encierro. Finalmente veía la luz ese dolor que llevaba dentro tanto tiempo.
No quería nada, no sabía ni qué sentía, solo sabía que le dolía, ¿por qué? Aún no sabía bien por qué. Lo único que sabía es que la única manera de evitar nuevos fantasmas en su vida era diciendo adiós, era saludable, olvidaría más rápido. Era el fin, diciembre sí trajo un nuevo comienzo, y espera que éste también lo sea. Dio todo de sí, o al menos lo intentó, pero fracasó. Fue herida en el campo de batalla y se retira, sabe que ya no puede luchar más, está atada de pies y manos. Al menos, esta vez le queda la satisfacción de que lo intentó.
Es la vida, se repetía mientras demostraba que la masa se movía con M.A.S, es lo que siempre ocurre, la vida. Es primero quererse a sí misma y luego querer lo suficiente a alguien como para alejarse.
Ella continúa con su Física y su Cálculo, intentando sacar buenas notas con el objetivo de buscar su destino lejos de aquí. Ella ya no siente. Ella nunca necesitó de nadie, simplemente quería hacer las cosas bien. Siempre pensó que no se trata de querer a alguien más que a tu propia vida, ¡qué estupidez! pero sí pensaba, que llega un momento en que aprendes a amar y valorar una relación (de cualquier índole) más que cualquier otra que hayas tenido en tu vida; eso pasaba.
Es la vida, se lo repetía una y otra vez. Es un adiós como cualquier otro. Sin embargo, como decía Sabina, este adiós no maquilla un hasta luego, es definitivo, es lo justo. Es el tiempo y las circunstancias moviéndonos como piezas de ajedrez a su antojo. Son los días alejándonos. Simplemente es la vida siguiendo su curso, es lo que acostumbra hacer mientras suelta un par de carcajadas.


"Este adiós no maquilla un hasta luego
este nunca no esconde un ojalá
estas cenizas no juegan con fuego
este ciego no mira para atrás
este notario firma lo que escribo
esta letra no la protestaré
ahórrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después
a este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitir que taladre un corazón podrido de latir
este pez ya no muere por tu boca
este loco se va con otra loca
estos ojos ya no lloran más por ti"

J. Sabina

domingo, 11 de agosto de 2013

Ella regresó.

"Estaba destruido, ella también. Había perdido todas las esperanzas, se fueron con la mujer por la que cambié; las de ella también, con el hombre por el que cambió. Había madurado, ella también. Estábamos en las mismas condiciones.
Un día recibí un mensaje de ella, me alegró el día, siempre gris, digamos que le dio un poco de color, me sorprendió tanto ya que hace mucho no sabía nada de ella. Me turbó, me desconcertó y me alivió. Le respondí, como era de esperarse, se percibía cierta emoción en mis letras no podía disimularlo, así como tampoco podía disimular el dolor que aquella inspiradora mujer había dejado en mí, las cicatrices, el dolor, estaban ahí, aún sangraban. Para mi dicha, ella llegó.
Mensajes iban, mensajes venían. Conversaciones amenas, conversaciones largas, se tomaban mi madrugada, jugaban con mis ansias, me dejaban, me retomaban, me despertaban, luchaban con Morfeo por llevarme de trofeo. Ella y sus conversaciones ganaban en ocasiones, luego ganarían siempre. Un día fuimos a tomar un café, ese que queda cerca de su casa, cerca del lugar en el que nos conocimos hace muchos años, el que ella miraba con dolor mientras se imaginaba lo que podía ser a raíz de que la dejé ir. La miraba sonreír, ¡Qué hermosa sonrisa! pero sus ojos aún tenían un sesgo de dolor, un dolor que le causó su nuevo "él". Las horas se hicieron nada, el café se enfriaba, no podíamos dejar de hablar, de ver a las personas pasar, de intentar comprender el mundo. Éramos nosotros viendo a todos desde el mismo punto, como si fuéramos uno solo, pero aún nos afectaban ellos... Su "él", mi "ella".
Pasamos dos años así; risas, cine, libros, café, tardes lluviosas, alcohol y mi cigarrillo. Su sonrisa, mis ojos, su mirada, mis abrazos. Dos años de juegos, de fiestas privadas juntos, lamentándonos, desahogándonos, maldiciéndolos y diciendo cuánto los amábamos. Dos años de dulces encuentros casuales, dos años de libertad, dos años capturando momentos creyéndonos fotógrafos profesionales. Dos años intentando ser chef, a ella le quedaba muy bien. Ella dando sus primeros pasos como ingeniera, cada día más artista y más matemática. Caminando juntos, discusiones maduras que no duraban más de quince minutos. Largas llamadas que acaban con mi saldo en un día. Nacía la esperanza, recordaba por qué me gustó en algún momento.
Sus números, sus letras, mis letras, mis esperanzas ¡Renacían, mis esperanzas renacían! Aún le entregaba ciertos pensamientos a la mujer que quise, ella a él. Pero algo crecía entre nosotros, amor, ¿podría ser eso? Sí, sí lo era, ahora lo sé. Empecé a plasmar su sonrisa en fotografías, cada día me gustaba más. Sus ojos, necesitaba tenerlos  mirándome fijamente todas las noches, muchas fotografías de sus ojos. Me había enamorado, otra vez, o quizá la primera, no lo sé. Quizá otra vez de ella.
Un día le confesé mis sentimientos, sin afirmar que era amor, era "muy pronto". Ella huyó de nuestra cita en el café, me dejó ahí, la vi marcharse, subirse a su auto y acelerar. Me quedé absorto, atisbado la veía alejarse. Volvería, el corazón lo decía. Sin embargo, llegué a derramar un par de lágrimas a mi casa, lo primero que pensé es que había arruinado todo y la perdería, no la volvería a ver, ¡qué sería de mi vida sin ella!
Pasaron dos, tres, cinco semanas. No sabía nada de ella, fui a trabajar como todos los días, regresé en la metro a mi casa, mientras caminaba escuchando algo de Guns N' Roses, la vi, se acercaba a mí, no pude evadir su mirada ni simular simpatía, sentía que la odiaba, y que la amaba más que nunca. Me tomó de la mano, enrolló sus brazos en mi cuello, y me besó. Sus labios sabían a cereza, y me besó. Me besó como jamás me había besado nadie, mejor de lo que había imaginado. Paseó sus dedos con sutileza por mi cabello y besó mis mejillas, sentía su sed de mí, su necesidad de hacerme sentir que me amaba, que al fin había aclarado sus sentimientos, que era yo, nadie más que yo.
Le sonreí, la besé una vez más y le dije que era un honor que aceptara ser mi novia finalmente. Soltó una carcajada, hizo bailar dos de sus dedos en mi nariz y con absoluta ternura dijo: ¡Tonto!, mis labios no han declarado tal cosa. Mis ojos se oscurecieron, se acercó a mi oído y me dijo: Siempre quise decirte sí, mi amor. La abracé, la cargué, la tomé de la mano, fuimos a tomar café y desde ese día confirmé que siempre fue mía.
Felices días fueron todos desde aquel. Felices en su compañía, felices años llegaron, felices experiencias. Yo era feliz, por ella. Dejamos a nuestros fantasmas mientras corríamos al horizonte. Navegábamos por océanos de paz, volábamos por los cielos de libertad. Esta vez nada nos ataba, solo este amor que eran dulces grilletes.
Hace 20 años la conocí.
Hace 19 años la dejé ir.
Hace 17 años la volví a encontrar.
Hace 15 años le pedí que fuera mi novia.
Hace 14 años 10 meses y tres semanas me dijo que sí. Me besó por primera vez.
Hace 7 años le pedí que me acompañé a recorrer lo que me queda del camino.
Hace 6 años 5 meses nos casamos.
Hace 4 años nació nuestro primer hijo.
Ayer le dije que la amaba y la sentí mía una vez más.
Hoy le digo gracias por amarme.
Mañana besaré sus labios mientras preparamos el desayuno.
En 30 años esperaremos a nuestros nietos.
Algún día estaremos en algún universo descubriendo de qué va la eternidad."

Ella regresó.