sábado, 13 de octubre de 2018

Happiness

La felicidad se clarifica en tu mirada somnolienta cada mañana de domingo,
en las siestas de una tarde de sábado,
en esa canción que tanto te gusta y suena en la radio mientras voy de camino al trabajo,
porque sí, un lunes en la mañana me asaltas los pensamientos y tu sonrisa me alegra el día, la semana,
el año, la vida.

Verte dormir y saber que estás, que eres.
Escucharte hablar de esas cosas que te apasionan y saber que piensas, que creces.
Sentir tu corazón latir en cada abrazo y saber que crees, que quieres.
Creer por un segundo que te hago feliz en la misma medida que tú a mí,
Creer que somos eternos, que los finales no nos encuentran y al mismo tiempo, que todos los días morimos y debemos atesorar los segundos juntos, los segundos lejos, los segundos de vida de mí en ti y viceversa.

Los viajes, las fotos, las ocurrencias, los fails que solo nosotros podríamos tener o más bien aquellos que solo yo podría tener y mi fiel compañero secundar.
Tu paciencia, mis ganas, combinación fatal o ganadora, no lo sé, tal vez más la segunda, pero no me dejes ser engreída y dime que la primera es la real.

Y es que un buen viernes de diciembre o de marzo te escabulliste en mi vida y dejé de ser yo, y dejaste de ser tú y pasamos a ser un apodo cariñoso, un beso oportuno, la enajenación, una sonrisa, un refugio, un buen vino, un café, un recuerdo dulce para un día amargo, un farol caída la noche, la cuerda floja, el vértigo, la risa estruendosa, el enojo corto, la reconciliación larga, los celos absurdos dirás tú, la impuntualidad diré yo, y bueno todas esas cosas que nos convirtieron en nosotros.


En resumidas cuentas: te quiero, porque así, sin tantas vueltas al asunto verás, me haces feliz... Que happiness se escribe con J, tal vez.

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