domingo, 11 de agosto de 2013

Ella regresó.

"Estaba destruido, ella también. Había perdido todas las esperanzas, se fueron con la mujer por la que cambié; las de ella también, con el hombre por el que cambió. Había madurado, ella también. Estábamos en las mismas condiciones.
Un día recibí un mensaje de ella, me alegró el día, siempre gris, digamos que le dio un poco de color, me sorprendió tanto ya que hace mucho no sabía nada de ella. Me turbó, me desconcertó y me alivió. Le respondí, como era de esperarse, se percibía cierta emoción en mis letras no podía disimularlo, así como tampoco podía disimular el dolor que aquella inspiradora mujer había dejado en mí, las cicatrices, el dolor, estaban ahí, aún sangraban. Para mi dicha, ella llegó.
Mensajes iban, mensajes venían. Conversaciones amenas, conversaciones largas, se tomaban mi madrugada, jugaban con mis ansias, me dejaban, me retomaban, me despertaban, luchaban con Morfeo por llevarme de trofeo. Ella y sus conversaciones ganaban en ocasiones, luego ganarían siempre. Un día fuimos a tomar un café, ese que queda cerca de su casa, cerca del lugar en el que nos conocimos hace muchos años, el que ella miraba con dolor mientras se imaginaba lo que podía ser a raíz de que la dejé ir. La miraba sonreír, ¡Qué hermosa sonrisa! pero sus ojos aún tenían un sesgo de dolor, un dolor que le causó su nuevo "él". Las horas se hicieron nada, el café se enfriaba, no podíamos dejar de hablar, de ver a las personas pasar, de intentar comprender el mundo. Éramos nosotros viendo a todos desde el mismo punto, como si fuéramos uno solo, pero aún nos afectaban ellos... Su "él", mi "ella".
Pasamos dos años así; risas, cine, libros, café, tardes lluviosas, alcohol y mi cigarrillo. Su sonrisa, mis ojos, su mirada, mis abrazos. Dos años de juegos, de fiestas privadas juntos, lamentándonos, desahogándonos, maldiciéndolos y diciendo cuánto los amábamos. Dos años de dulces encuentros casuales, dos años de libertad, dos años capturando momentos creyéndonos fotógrafos profesionales. Dos años intentando ser chef, a ella le quedaba muy bien. Ella dando sus primeros pasos como ingeniera, cada día más artista y más matemática. Caminando juntos, discusiones maduras que no duraban más de quince minutos. Largas llamadas que acaban con mi saldo en un día. Nacía la esperanza, recordaba por qué me gustó en algún momento.
Sus números, sus letras, mis letras, mis esperanzas ¡Renacían, mis esperanzas renacían! Aún le entregaba ciertos pensamientos a la mujer que quise, ella a él. Pero algo crecía entre nosotros, amor, ¿podría ser eso? Sí, sí lo era, ahora lo sé. Empecé a plasmar su sonrisa en fotografías, cada día me gustaba más. Sus ojos, necesitaba tenerlos  mirándome fijamente todas las noches, muchas fotografías de sus ojos. Me había enamorado, otra vez, o quizá la primera, no lo sé. Quizá otra vez de ella.
Un día le confesé mis sentimientos, sin afirmar que era amor, era "muy pronto". Ella huyó de nuestra cita en el café, me dejó ahí, la vi marcharse, subirse a su auto y acelerar. Me quedé absorto, atisbado la veía alejarse. Volvería, el corazón lo decía. Sin embargo, llegué a derramar un par de lágrimas a mi casa, lo primero que pensé es que había arruinado todo y la perdería, no la volvería a ver, ¡qué sería de mi vida sin ella!
Pasaron dos, tres, cinco semanas. No sabía nada de ella, fui a trabajar como todos los días, regresé en la metro a mi casa, mientras caminaba escuchando algo de Guns N' Roses, la vi, se acercaba a mí, no pude evadir su mirada ni simular simpatía, sentía que la odiaba, y que la amaba más que nunca. Me tomó de la mano, enrolló sus brazos en mi cuello, y me besó. Sus labios sabían a cereza, y me besó. Me besó como jamás me había besado nadie, mejor de lo que había imaginado. Paseó sus dedos con sutileza por mi cabello y besó mis mejillas, sentía su sed de mí, su necesidad de hacerme sentir que me amaba, que al fin había aclarado sus sentimientos, que era yo, nadie más que yo.
Le sonreí, la besé una vez más y le dije que era un honor que aceptara ser mi novia finalmente. Soltó una carcajada, hizo bailar dos de sus dedos en mi nariz y con absoluta ternura dijo: ¡Tonto!, mis labios no han declarado tal cosa. Mis ojos se oscurecieron, se acercó a mi oído y me dijo: Siempre quise decirte sí, mi amor. La abracé, la cargué, la tomé de la mano, fuimos a tomar café y desde ese día confirmé que siempre fue mía.
Felices días fueron todos desde aquel. Felices en su compañía, felices años llegaron, felices experiencias. Yo era feliz, por ella. Dejamos a nuestros fantasmas mientras corríamos al horizonte. Navegábamos por océanos de paz, volábamos por los cielos de libertad. Esta vez nada nos ataba, solo este amor que eran dulces grilletes.
Hace 20 años la conocí.
Hace 19 años la dejé ir.
Hace 17 años la volví a encontrar.
Hace 15 años le pedí que fuera mi novia.
Hace 14 años 10 meses y tres semanas me dijo que sí. Me besó por primera vez.
Hace 7 años le pedí que me acompañé a recorrer lo que me queda del camino.
Hace 6 años 5 meses nos casamos.
Hace 4 años nació nuestro primer hijo.
Ayer le dije que la amaba y la sentí mía una vez más.
Hoy le digo gracias por amarme.
Mañana besaré sus labios mientras preparamos el desayuno.
En 30 años esperaremos a nuestros nietos.
Algún día estaremos en algún universo descubriendo de qué va la eternidad."

Ella regresó.

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